Los primeros herbarios fotográficos

Hoy la fotografía se ha convertido en apoyo insustituible en el trabajo botánico de inventario y clasificación de especies. No resulta raro encontrarnos con la noticia de que una nueva especie ha sido determinada en base a la fotografía subida por un aficionado a alguno de los grandes escaparates virtuales fotográficos. En España tenemos un magnífico ejemplo en el trabajo desarrollado desde Biodiversidad Virtual donde multitud de aficionados y profesionales de la fotografía colaboran en la creación de una gran base de datos de la biodiversidad española.

A comienzos del siglo XX los herbarios se basaban fundamentalmente en colecciones de especímenes recolectados en el campo y tratados a posteriori para conservar, en lo posible, la mayor cantidad posible de caracteres identificativos. Muchos de  estos herbarios sirvieron en su día de modelo a muchos ilustradores que, siéndoles imposible acceder a ellos en su estado natural, los utilizaban con más o menos fortuna. La llegada de la fotografía a finales del siglo XIX, supuso un nuevo punto de partida para muchas actividades que hasta entonces estaban en manos de auténticos especialistas y una de ellas fue la referida a la ilustración.

En la Alemania de principios del siglo XX Karl Blossfeldt (1865-1932) era profesor de la Escuela de Artes Decorativas de Charlottenburg e  hizo de la fotografía de plantas el mejor recurso para impartir sus clases de dibujo. Pero la pasión de Blossfeldt durante toda su vida no fue la fotografía, sino la botánica y en este sentido es reseñable su esfuerzo por escribir sobre muchos negativos los nombres latinos de las plantas, dando a su obra -junto al carácter visual y estético- un aire botánico y científico. Blossfeldt no se consideraba a sí mismo un fotógrafo en el sentido estricto de la palabra, era un aficionado entusiasta que buscaba con inquietud y una cámara por él fabricada, aquellas formas depuradas que las plantas le ofrecían. Su cuidadoso estudio de la planta le llevó a descubrir y plasmar detalles gráficos hasta entonces no tenidos en cuenta. A sus 63 años la fama le sorprendió al publicarse su primer libro, Urformen der Kunst (Formas originales del arte, 1928), convirtiéndose en un record de ventas a nivel mundial.

Hoy día, el reconocimiento internacional del que goza Blossfeldt no se debe a su labor botánica, sino a su aportación a la historia de la fotografía. Es justo que así sea, pero no hay que olvidar que fue su pasión por las plantas y no por la fotografía la que le llevó a formar parte de esa historia.

 

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