Juguetes de siempre.

Seguro que más de uno hemos hecho alguna vez un silbato con el hueso de un albérchigo, eso que algunos llaman también albaricoque; o hemos utilizado la horquilla de una rama par hacernos un tirador, o hecho de una cáscara de nuez una barquichuela, o…  Todos podríamos seguir y llenar un cuaderno con toda una serie de divertimentos de los que fuimos, o somos, ingenieros protagonistas. La facilidad para hacernos con los materiales necesarios, su proximidad y sencillez de manejo nos llevaba a probar nuevos modelos. Eran nuestros prototipos y con ellos nos acompañaba nuestra propia identidad juguetera.

La llegada de los tecno-juegos ha relegado de forma drástica este tipo de pasatiempos y si preguntamos a alguno de los chavales que pasean por las calles por alguno de estos juguetes que hemos comentado, tal vez sus caras se tuerzan.

Pues no, no vamos a dejar que esas buenas prácticas caigan en el olvido. Eso ha debido de pensar con nosotros Christine Armengaud, la autora del libro Juguetes de la naturaleza y en él nos ofrece toda una serie de historias y secretos para fabricarlos, desde sencillas bolas de prímulas hasta sofisticadas flores de madera o coches ultra ecológicos. La cosa no puede ser más sencilla: intención, imaginación (si escasea, Christine ayuda sin problema) y un poco de nuestro tiempo. Desde luego es casi obligado rodearse en todo momento por niños y con ello  lo de la imaginación queda resuelto con toda seguridad. En nuestra familia ha sido una de las actividades que, llegando el acortarse de los días, ha servido para llenar algunas tardes y muestra de ello son las representaciones de aves que aparecen ilustrando este post.

 

 

No tienen luces, no parlan y no interactúan en demasía, pero son baratos, ecológicos, diferentes y además suyos. Les acompañarán por siempre con vivencias originales made in Miguel, Santi, Jaime, Lucía.

Este otoño no dejéis de recoger  algunos materiales en vuestros paseos y a disfrutar. ¡Ah! los mayores también están invitados a innovar.

 


1 Comentario

  1. Aún recuerdo una visita a la casa de una familia numerosa, en un pueblecito próximo a Valladolid, en el que me mostraron muchos de los juguetes que a partir de los elementos que encontraban en los paseos por el campo concebían al llegar a casa, con las ideas que este libro les daba…….. qué recuerdos tan bonitos !!
    Muy recomendable el libro y más aún la práctica de dejar correr nuestra imaginación y creatividad para dar origen a nuevas formas.
    Abrazos.

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